La materialización


Puff, fue el sonido que oí cuando se me apareció la materialización.

–¿Y usted quién sería?

–Soy un espíritu disfrazado de fantasma.

–¿Y cuál es la diferencia entre los dos?

–Los fantasmas andan cubiertos por una sábana.

–¿Y ustedes?

−Desnudos –murmuró sonrojándose.

–La verdad es que nunca me había encontrado con un espíritu.

–Es que nos avergonzamos, señor: tampoco usted iría a trabajar en cueros.

–Hum, entiendo, y las sábanas son de uso exclusivo de los fantasmas. Bueno podrían ponerse un pijama…

–Vamos, señor, ¿usted lo tomaría en serio a un espíritu in pijama?

–Qué lío… ¿Con todo, me hace un favor?

–Si puedo, encantado.

–Desaparezca y vuelva a aparecer, sin la sábana.

¡Puff! ¡Puff!

–Y ahora vuelva a aparecer.

–Pero estoy frente a usted, señor.

–No noto ninguna diferencia: que usted esté frente a mi o no, yo no lo veo.

–¿Lo ve que problema? Ni queriendo nos podríamos aparecer porque nadie nos ve.

–Ahora, no por argumentar, pero si nadie los ve, ¿por qué les da vergüenza estar desnudos?

–Es que nosotros sí lo sabemos, señor y es por esto que tenemos una existencia tan solitaria.

Hum. Entonces, quédese en mi casa, usted me parece una buena persona y a mi no me importa su aspecto: le daría la posibilidad de charlar con alguien y podría darme una mano con los quehaceres.

Y así hicimos. No tardé mucho en acostumbrarme a ver fluctuar objetos por la casa y a sostener interminables conversaciones con el espíritu, que eran siglos que quería desahogarse.


Un día vino a visitare una vieja tía, solterona, y advirtió que en mi casa acontecían hechos insólitos. No me quedó otro remedio que contarle toda la historia. Mi tía, lejos de inquietarse, encontró al espíritu fascinante, culto y galán, y vino a visitarme cada vez más a menudo: se llevaban muy bien.

Un día llegó con sus maletas y me anunció su intención de quedarse a vivir conmigo ya que, si en algún lugar debía morirse, mi casa, rodeada de su familia y amistades, era el mejor lugar para hacerlo.

Desde entonces mi tía usa la habitación de los huéspedes. La veo muy poco porque se pasa la mayor parte del tiempo encerrada en su cuarto, pero habla, habla sin parar.

De vez en cuando no cierra bien la puerta y entonces puedo ver que charla, mano en la mano, con alguien en pijama.

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